Mi lápiz sin borrador

  • 13 June 2012
  • yinetradio

©Godofredo Jiménez Ocampo

Del libro: Cuentos para no dormir

Kats tenía siete años y acudía con irregularidad a una escuela rural en la sierra Mixe, región cubierta de neblina la mayor parte del año. Sus padres le compraron un lápiz de color amarillo  y al término de un mes se quedó sin goma. Situación que preocupó  a Kats, ya que eso equivalía a no equivocarse en clases.

De modo que empezó a recorrer interesadamente algunos lugares  hasta llegar a la ex bodega del IMSS. Donde ocasionalmente reciclaba papel carbón y autocopiante para calcar dibujos, revisó todos  los estantes y rincones hasta que por fin encontró un pedacito de lápiz, su goma casi intacta; no dudó ni un segundo en reciclar el hallazgo, con paciencia  y cuidado retiró la goma que enseguida le acomodó a su lápiz.

Al día siguiente Kats regresó a la escuela, feliz de la vida y  en cada error borraba, corregía  con emoción, más en matemáticas. En seguida se percató de que la goma no duraría con la frecuencia de desaciertos en los resultados. De modo que empezó a evitar los errores.

Su vida transcurre con regularidad  y disfruta la vida en un marco de respeto y armonía. El niño se hizo adolescente, joven y observador permanente de todo cuanto ocurre a su alrededor.

Kats es un fiel amante de la música de banda  y participa con emoción en la fiesta anual del Santo Patrono, las bandas de la región compiten en ejecutar sus mejores partituras.  Los asistentes no dejan espacio en la pista de baile.

Kats y sus amigos se divierten plenamente cuando la banda comenzó a tocar con magistral ejecución las partituras de la composición titulada “mi lápiz sin borrador” a medida que avanza la música y la letra, Kats profundiza sus recuerdos hasta que llega a comprender; que es la historia de su infancia, el juego solidario, las frustraciones personales, las preguntas sin respuestas y muchas otras vivencias.

Kats no podía contener la emoción, abandonó la pista y se dirigió al viejo campanario a revivir su infancia, con lágrimas  en el rostro, alzó la vista al cielo, diciendo gracias Amigo Soberano, tú que todo lo observas, lo escuchas, desde pequeñas cosas, las que hice en secreto, las que dejé de hacerlo involuntariamente y te inspiras en eso para armonizar todo en una partitura.

Siempre creí que las estrellas, los océanos, los insectos, los huracanes, el agua dulce, el vino, las flores, el Diablo entre otros son más importantes que Kats. Un noble y humilde caballero; ahora entiendo que nadie ni nada es más importante en la igualdad de tu amor, tu creación y el juego de la vida…

©Godofredo Jiménez Ocampo

Del libro: Cuentos para no dormir